Córdoba Valley: cuando dejamos de apostar a los genios

Córdoba Valley: cuando dejamos de apostar a los genios
30 Sep 2018

Pablo Piccolotto, Gerente de Diseño y Experiencia de Usuario (UX) en Mercado Libre
Patricio Maller, Jefe de Producto en Machinalis y Consultor Sr. en Innovación en Onmarc

Es común mencionar casos de innovación como “historias de Cenicienta” de personas exitosas, donde sólo se hace hincapié en sus extraordinarias características personales, y los sacrificios que requirió su emprendimiento, omitiendo las variables exógenas que contribuyeron a su éxito. Según el famoso escritor Malcolm Gladwell, en su libro “Los fuera de serie” (o “Outliers”), prestamos demasiada atención al aspecto de la inteligencia y ambición de personas extremadamente exitosas y muy poca al lugar de donde vienen, es decir, a su cultura, su familia, su generación y las singularidades de su educación. El entorno es sin lugar a dudas el principal promotor o detractor de la capacidad de innovar de una persona, organización o sociedad.

De la misma forma que en la Florencia renacentista se generaron las condiciones correctas para que mentes como la de Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel o Galileo Galilei transformaran el mundo para siempre, lo mismo sucede hoy en día en distintas partes del planeta. Si no fuera por la familia Médici -los banqueros más ricos de la región de la Toscana Italiana- quienes financiaron durante décadas el desarrollo de las ciencias y las artes en la bella ciudad atravesada por el río Arno, con seguridad dichos nombres no resonarían en nuestras cabezas hoy en día. Si Leonardo Da Vinci -con su impecable intelecto y curiosidad- hubiera nacido en otro lugar o en otra época, muy probablemente hubiera pasado desapercibido. Los Médici generaron las condiciones e incentivos apropiados para que aquellos individuos talentosos pudieran desarrollar al máximo su potencial creativo, artístico e innovador en un ambiente proclive a la experimentación, el intercambio de ideas y el pensamiento disruptivo.

En la actualidad, podemos encontrar ejemplos similares como el Silicon Valley en California o el Silicon Wadi en Israel. El entorno trasciende a los actores. Las condiciones favorables hacen florecer las oportunidades, y las oportunidades, a su vez, enriquecen el entorno. Queda claro que un plan de desarrollo sustentable debe favorecer las variables que ayudan a que individuos emprendedores e innovadores puedan idear y llevar adelante sus proyectos con más facilidad. Y por supuesto, en una evolución de todo el ecosistema: Universidades y colegios secundarios, red de contactos, gente con aspiraciones e intereses similares, inversores dispuestos a tomar riesgos.

Siendo que la dirección estratégica parece tan clara, ¿qué nos detiene? ¿Estamos en realidad esperando la aparición de un genio creativo? ¿Estamos esperando tal vez ese salto exponencial o las “singularidades” que no terminan de llegar? ¿O la validación endógena de ideas en un circuito mínimo del ecosistema potencial? ¿O las “misiones” a los distintos valleys del mundo que no terminan de definirse en un desarrollo integral del Córdoba Valley propio? El sesgo cognitivo hacia el pensamiento mágico es bien conocido, y acentuado en sociedades cortoplacistas como la nuestra. Sin embargo, precisamente de Colombia, la cuna del realismo mágico, surge un ejemplo a imitar en términos de coraje y decisión para definir prioridades que valoran el crecimiento sostenible e inclusivo de un ecosistema innovador. De generar su propio camino potenciando las fortalezas de su idiosincrasia y entorno, en vez de comprar un modelo enlatado lleno de promesas de grandeza.

Si Steve Jobs hubiera nacido en Argentina -o en Irán-, Apple Computers probablemente no existiría. Jobs pasó su infancia y juventud jugando con juguetes electrónicos como micrófonos, amplificadores y transistores mientras asistía a reuniones en el Club de Exploradores de Hewlett Packard. “Casi todos los padres del barrio se dedicaban a cosas fascinantes, como los paneles fotovoltaicos, las baterías o los radares. Yo crecí asombrado por todo aquello y le preguntaba a todo el mundo por estos temas”, le relata Steve a Walter Issacson, según su biografía.

Nuestro desafío no es como logramos el próximo Steve Jobs, es como logramos la escuela, el barrio, el acceso a recursos y conocimientos de Steve Jobs. Un ecosistema sólido con base en educación es la única forma en la que lograremos que las chances de ser un emprendedor exitoso, aún con la misma idea, talento, motivación y trabajo, sean las mismas si naciste en San Francisco (California) que si naciste en San Francisco (Provincia de Córdoba).

Vía La Voz del Interior

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