“Prefiero escuchar mi corazón”

“Prefiero escuchar mi corazón”
07 Oct 2019

Javier Artigas pasó por Córdoba y contó la sorprendente historia de su emprendimiento Connectus Medical. La enfermedad, las emociones y los vínculos más allá de las soluciones médicas.

Desde el primer momento en el que me descubren la enfermedad, entendí que tenía un propósito”. Javier Artigas creó una aplicación para que pacientes como él puedan viajar y realizar sus tratamientos médicos en cualquier parte del mundo. Uno de los fundadores de Airbnb decidió conocerlo y apoyar a su emprendimiento.

Su historia parece salida de cuento fantástico, cargada de situaciones sorprendentes y de hechos mágicos y milagrosos que cambiaron su vida una y otra vez. Lleva en su historia una mochila de resiliencia que él prefiere denominar como la teoría de la antifragilidad. Su visión de la vida pasa por aprender de cada situación y usar la experiencia para impulsarse con mayor fuerza, de manera más creativa y, sin duda, con mayor sabiduría.

Javier pasó por la Córdoba Tech Week, en el marco de la Semana TIC 2019, organizada por el Córdoba Technology Cluster y el Ministerio de Industria de la Provincia, con el apoyo del Consejo Federal de Inversiones. A los 37 años, en el paso de una renuncia a una empresa en la que había trabajado durante años, y previo al ingreso a una nueva compañía, un diagnóstico frío y tajante lo marcó de por vida: poliquistosis renal. A partir de ese momento, comenzó un camino de diálisis, pasillos de hospitales, enfermeras, estudios, dudas y limitaciones.

Y durante las largas horas de diálisis y las dificultades que le imponía su tratamiento, surgió la idea de encontrar una solución para que pacientes como él puedan viajar y realizarse los tratamientos en cualquier parte del mundo. Así nació la idea de lo que luego sería Connectus Medical, una aplicación que le permite a quienes necesitan diálisis organizar las sesiones que tienen que recibir en más de 150 países.

En ese proceso, con el objetivo de generar ingresos, Javier Artigas empezó a alquilar una casa de huéspedes ubicada en el terreno detrás de su propiedad en Montevideo, Uruguay, a través de Airbnb, la plataforma tecnológica que pone en contacto a quienes necesitan alojarse en una ciudad por un período corto de tiempo con los dueños de inmuebles dispuestos a recibirlos.

En 2015, uno de sus huéspedes fue el escritor argentino Hernán Casciari, quien dos días después de haber llegado sufrió un infarto. Javier y su esposa Alejandra lograron llevarlo a tiempo hasta el hospital y salvarle la vida. El artista escribió una reseña que se viralizó tanto que llegó a oídos del propio Joseph Gebbia, uno de los cofundadores de Airbnb, quien se contactó con Artigas y le dijo que al día siguiente viajaría hasta Uruguay para conocerlo. El 1º de enero de 2016 llegó a Montevideo, y se queda diez días con Alejandra y Javier.

En sus charlas diarias, surgió la idea de Javier sobre la aplicación para pacientes que deben realizarse tratamientos cuando viajan. “Al día siguiente me dijo que revisara mi computadora, que debía haber recibido un mensaje. Pensé que era el pago por su estadía, aunque no pensaba cobrarle. Pero lo que me enviaron fue un contrato para desarrollar Connectus Medical con su apoyo”, contó el emprendedor.

Y fue así como pacientes que necesitan diálisis empezaron a usar la aplicación para viajar habiendo organizado previamente las sesiones en su ciudad de destino. Hoy, Javier Artigas, uruguayo, es presidente de las compañías Connectus Medical Group, Emotional Skills & Intelligence y MobilCue, todas con sede en Israel; y trabaja para el programa MIT Solve del Massachussets Institute of Technology buscando soluciones para enfermedades crónicas a través de machine learning y las emociones. Además ganó el premio MIT Technology Review y el premio Startup Nation Jerusalem de la Autoridad de la Innovación de Israel, entre otros; colaboró en investigaciones de las universidades de Karolinska y Soderton de Suecia, en referencia a las emociones en enfermedades crónicas; y es conferencista en innovación para el BID, el MIT, el Instituto Karolinska, la Universidad de Soderton, la Universidad Hebrea de Jerusalém, la Universidad Católica de Uruguay, la Universidad Tecnológica de Honduras, la Universidad de Montevideo y la Universidad ORT del Uruguay.

“Yo tenía mi chip de paciente y me resultaba muy difícil decirle a un paciente: ‘Te voy a cobrar’. Hasta que me convencieron y el mismo sistema me lo demostró. Hay una necesidad, que es un nicho, que requiere calidad de vida y que necesita motivación para continuar su vida como si no existiera la patología”. Javier Artigas @jartigasherrera @ConnectusMed

 

Producto de la casualidad

–¿Lo que ocurrió en tu vida fue una casualidad, destino, suerte o era algo que estabas buscando?
–Siempre digo que yo soy un producto de la casualidad. Esto surgió porque surgió. Yo creo que es un producto de la casualidad meramente. Obvio que después ves que tu personalidad va generando como una cadena y le ponés una parte de entusiasmo, y eso es lo que lo potencia o lo hunde. Lo que me pasó fue una cadena tan milagrosa que no sabés dónde va a terminar. Desde el primer momento en el que me descubren lo de la enfermedad, yo entendí que tenía un propósito.

–¿Cómo fue ese primer momento y cómo lograste transformarlo en emprendimientos exitosos?
–Cuando pasan este tipo de cosas, lo primero que hacés es sentir compasión por vos y estás en la ignorancia total. Recurrís al aprendizaje porque estás carente de información y ahí es donde entra este concepto de la antifragilidad, que es mucho más fuerte que la resiliencia. Es decir, cuando entrás en una patología crónica, que sabés que es perpetua y que puede tener solución, pero no sabes cómo se va a dirimir. Y es aleatoria, y te cayó a vos por esas cosas de la vida, pero al mismo tiempo tiene mucho impacto, entonces vos tenés la capacidad de elegir: o la aceptás y a partir de esta situación, que es completamente crítica, tratás de crear algo que te ayude a vivir, o mirás para otro lado. Y ver de qué manera podemos mejorar esto. La antifragilidad es dar una solución innovadora, una solución tecnológica, porque puede pivotear fácilmente.

–Y a partir de ahí, ¿cómo fueron los primeros pasos de Connectus?
–Cuando yo creé Connectus pensé que era una ONG, pero se lo mostré a un amigo cordobés y me dijo: “Esto es una empresa de la A a la Z”. Yo tenía mi chip de paciente y me resultaba muy difícil decirle a un paciente: “Te voy a cobrar”. Me daba vergüenza. Hasta que me convencieron y el mismo sistema me lo demostró: cuando implementamos las primeras coordinaciones de diálisis, me las pagaron cash. Entonces eso significa que hay un público ávido de lo que estamos creando. Hay una necesidad, que es un nicho, que requiere calidad de vida y que necesita motivación para continuar su vida como si no existiera la patología. Ahí entendimos que lo que había que hacer era un abordaje emocional no en el estadio cinco, cuando el paciente ya está desahuciado, sino en el tres, donde te vamos preparando para que sepas que tu vida va a continuar y que la diálisis es una segunda oportunidad. No es la última. La primera oportunidad es cuando nacés, la segunda cuando estás en diálisis y la tercera es cuando te trasplantan. Siempre digo que es más sencillo deprimirme, acostarme y taparme la cabeza y pensar que esto no existe, que enfrentarlo.

–¿Cómo eras antes de tu diagnóstico y de tu visión de la antifragilidad?
–Yo era un perro. Siempre me decían que era como un perro bulldog. Agarraba la presa y si tenía que atravesar lo que hiciera falta para conseguir el objetivo, lo hacía. En ese momento, yo siempre estuve vinculado a cosas y no a personas. El estar vinculado a personas te abre un panorama absolutamente distinto. Y hoy, cuando después de una disertación alguien se me acerca y me transmite lo que le pasa, desde lo más profundo de su ser, a mí me emociona. Siento la felicidad de que eso es el éxito. Yo nunca pensé que esto iba a generar lo que generó, que iba a estar en 150 países del mundo y que yo iba a estar como los 10 referentes de salud de Uruguay. A veces me pasa que, con tantas conferencias, pierdo el foco de mi trabajo. Pero hoy me siento reconfortado, por ejemplo, por esa chica que se me acercó para abrazarme y se emocionó. Siento que con eso ya está cumplido mi objetivo. Si sirve para inspirar a alguien a que se motive y haga algo que puede tener éxito, o lo intente, ya está.

Yo era un perro. Siempre me decían que era como un perro bulldog. Agarraba la presa y si tenía que atravesar lo que hiciera falta para conseguir el objetivo, lo hacía. En ese momento, yo siempre estuve vinculado a cosas y no a personas. El estar vinculado a personas te abre un panorama absolutamente distinto”. Javier Artigas @jartigasherrera @ConnectusMed

–Y el foco de tu negocio, ¿cuál es?
–Ha ido virando. Es también esto de la antifragilidad. Nosotros, en un principio, pensábamos que era coordinar hemodiálisis. El paciente nos decía que quería viajar a Brasil y nosotros coordinábamos: papeles, clínica y pagábamos todo para que si, por ejemplo, le llegaban a robar, no se quedará sin su tratamiento. La diálisis es igual en todo el mundo: Suecia, Suiza, Honduras o Nicaragua. Hoy nos damos cuenta de que el abordaje es completamente emocional. Si no hago esto de hablar desde la motivación y el estímulo, el paciente no se siente incentivado a viajar.

–¿Entonces el poder de tu palabra puede ser la herramienta clave en tus emprendimientos?
–Claro que sí. Hay que preguntarse por qué nosotros hablamos de generar confianza y los políticos, en cambio, de generar transparencia. Porque la confianza está rota. Cuando vos le pedís a un hermano que te compre algo, no le reclamás el recibo para que muestre transparencia porque no te hace falta, porque confías. La transparencia no es un valor. Es maravilloso que la gente deposite su confianza, y es algo que yo cuido como oro.

–¿Has cumplido con todo lo que imaginabas?
–El otro día tuve que dar una charla para una cuidad llamada Dolores, un lugar arrasado por un tornado que se llevó todo puesto. Y ellos me decían que cuando salen y ven una nube negra, se asustan, vuelven a sus casas y se tapan hasta la cabeza. Y yo les decía que todos tenemos una nube negra. Yo tengo mi nube negra que es mi riñón y sé que, en algún momento, este que tengo va a dejar de funcionar. No sé cuándo, pero si me quedo acostado esperando que deje de funcionar, me voy a perder un montón de cosas. Entonces, seguramente no cumplí todo y me falta mucho por hacer hasta que mi riñón me lo permita. Y después volveré a diálisis, aprenderé un poco más y después me lanzaré otra vez. No siempre pensando con el falso positivismo. Soy consciente de mis limitaciones, de qué me va a pasar y qué no. Estoy preparado para que esto, en algún momento, deje de funcionar.

Un consejo para los emprendedores cordobeses

“Siempre digo que hay que desoír a los expertos y hacerle caso más a la intuición, algo que las mujeres lo tienen más desarrollado que los hombres. A veces uno no le da la importancia que tiene. Me convenzo de que otro me va a ayudar más de lo que yo siento. Y si necesitan el apoyo de una aceleradora, tengan en cuenta que importa el dinero, pero importa más la alineación de objetivos para saber si podemos caminar juntos. Yo siempre prefiero escuchar mi corazón, en el que confío mucho más que en cualquier experto. Otra cosa que les diría a los emprendedores es que tengan en cuenta que todos son expertos de lo que pasó, pero nadie es experto de lo que vendrá”, recalcó desde su experiencia Javier Artigas.

El lenguaje del cuerpo

En 2017, Javier Artigas obtuvo el premio Startup Nation en Israel y, desde ese momento, se le abrieron posibilidades y proyectos allí, donde pasa seis meses del año. Al respecto, confiesa: “Ahí tuve posibilidades de hacer cosas distintas. Fue muy divertido. Vino el aprendizaje del lenguaje corporal y de descubrir que está todo en el cuerpo. Lo único que hay que tener es la habilidad para poder leerlo. Hoy vivo la mitad del año en Jerusalén. Fui becado por el Estado de Israel y empecé a trabajar en distintos proyectos asociados con otras personas que hace varios años vienen trabajando en tecnología. A partir de ahí, creamos una plataforma de lectura de emociones en tiempo real, que predice las seis emociones fundamentales. Y le encontramos la veta de poder utilizarlo en retail, marketing, salud, entre otras cosas”. “Hoy nos damos cuenta de que nuestro software es muy bueno. Lo pusimos con una camarita en un vehículo y lo que hacemos es leer las emociones preponderantes del conductor y emitir una señal con láminas luminiscentes. Cada una de las emociones tiene un color y, de acuerdo a la emoción preponderante, las ópticas se ponen de un color. Si estás con ira, se ponen rojas; si estás deprimido, azules; si estás alegre, verde. Entonces no existen los controles aleatorios. A esa compañía le pusimos el nombre de MobilCube”, finaliza.

 

Via INSIDER

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