Las incubadoras y sus servicios: desde seguimientos hasta programas de internacionalización

Las incubadoras y sus servicios: desde seguimientos hasta programas de internacionalización
16 Ene 2019

Prodem las clasificó para que sus gerentes y los responsables de programas de gobierno puedan perfilarlas según dos aspectos clave: la efectividad y competitividad de las propuestas de valor, y el grado de homogeneidad existente en la calidad de los servicios prestados a los emprendedores

“Habitualmente se tiende a hablar y a emitir juicios de valor acerca de las incubadoras de empresas en forma general. A veces, las generalizaciones tienden a defenderlas a ultranza. Otras a juzgarlas como organizaciones inefectivas que no muestran resultados y no agregan valor a los emprendimientos. El denominador común entre ambas posiciones es que no tienen en cuenta la enorme heterogeneidad existente”, asegura Hugo Kantis, director del Programa de Desarrollo Emprendedor (Prodem) y autor del estudio.
La clasificación de las incubadoras realizada por Kantis se basa en una analogía con la pirámide de Maslow (de las necesidades de los seres humanos), pero aplicada al tipo de servicios (y necesidades de los emprendedores) en los que se basa la propuesta de valor desplegada por las incubadoras.

Los niveles más bajos

En un primer nivel, en la base de la pirámide, están las incubadoras que dedican sus esfuerzos fundamentalmente a apoyar a los emprendedores en los procesos de postulación ante los instrumentos de gobierno y en el seguimiento de la ejecución de los proyectos beneficiarios. Estas incubadoras basan sus ventajas competitivas en ser reconocidas como buenos facilitadores del acceso a los instrumentos y por ser eficientes en el seguimiento de la ejecución, esto es, por bajar los “costos de transacción” con el Estado y sus programas de fomento.
El segundo nivel de la pirámide, Kantis se refiere a las incubadoras que se destacan por el compromiso, la dedicación y la capacidad del equipo técnico (expresado en las figuras del gerente y los ejecutivos) para potenciar el desarrollo de los emprendimientos.

Mayor grado de sofisticación

Desde el tercer nivel de la pirámide en adelante, siguiendo la clasificación, el grado de sofisticación comienza a crecer mediante servicios tales como el apoyo al networking, el mentoring, los servicios especializados, el financiamiento y la internacionalización.
“Nuevamente, en los hechos, puede existir una incubadora que cuente con servicios de mentoring y que, sin embargo, no sea efectiva en el apoyo que brinda su equipo técnico. De modo que contar con servicios de un nivel superior no garantiza en la práctica agregar valor verdaderamente en los escalones previos. No obstante, sólo las que lo logran son las que transitan el camino de la excelencia organizacional”, explica Kantis.

Efectividad

El especialista agrega que entre las incubadoras existen diferencias marcadas en lo que respecta a la efectividad con la que brindan los servicios. Estas variaciones se originan en distintos aspectos. Por ejemplo, la existencia o no de una metodología robusta para detectar las necesidades de los emprendedores y organizar la agenda de trabajo. Otro, la regularidad y continuidad del proceso a través de las reuniones de seguimiento, las que pueden ser mensuales, quincenales o más esporádicas.
Otro aspecto fundamental que permite diferenciar a las incubadoras es su capacidad de contribuir a la construcción de contactos valiosos para el emprendimiento. Esto incluye el networking entre emprendedores pero también la vinculación con potenciales clientes y proveedores. Según un estudio de Prodem y evaluaciones realizadas en Chile y Uruguay, la mayoría de las incubadoras suelen tener dificultades en este último rubro. En algunos casos virtuosos, los ejecutivos juegan un papel muy importante en los servicios de networking; en otros, las incubadoras depositan su confianza en el aporte de los mentores, pero le dan seguimiento a sus resultados.
Entre los escalones más altos de la pirámide, el informe menciona el apoyo para prepararse y encontrar financiamiento privado y la existencia de un programa de internacionalización. En rigor, este nivel podría ser parte del anterior, dado que en alguna medida forma parte del desarrollo de contactos valiosos. En los hechos aparece como un nivel superior, abriendo el espacio para la actuación de las aceleradoras de negocios.

Fortalecer las incubadoras

Por último, Kantis concluye en la necesidad de contar con programas de fortalecimiento de incubadoras: estos deben fomentar la búsqueda de la excelencia en los servicios. “El sistema de incentivos públicos debe combinar adecuadamente la búsqueda de resultados concretos en el desempeño de las empresas que trabajan con las incubadoras con la mejora en la calidad de los procesos de gestión”, asegura el especialista y destaca que aún “la brecha entre la propuesta de valor declamada y la real suele ser importante”.

 

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Vía Comercio y Justicia

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